1) Largo de la falda.
El economista norteamericano George
Taylor desarrolló en los años 20 una teoría que realacionaba el largo de
la falda femenina con la situación que se vivía en los mercados
bursátiles. Cuando la economía experimenta una situación al alza, las
mujeres se levantan el dobladillo de la falda por encima de las rodillas
mientras que en situaciones de recesión las féminas se decanta por
faldas que llegan hasta los tobillos. Taylor llegó a estas conclusiones
tras analizar las tendencias de la moda femenina de antes y después del crack del 29.
2) Corte de pelo.
Tras encuestar a 1.000 mujeres
niponas, la periodista Kosuke Iwano, realizó una comparativa de la
relación entre la situación económica y la largura del pelo. De ahí
dedujo que el 60% de las mujeres encuestadas poseían el pelo largo en
1990 cuando la economía nipona gozaba de buena salud, mientras que en 1997 durante la época de "vacas flacas" del país más del 50% llevaba pelo corto.
3) El índice de Pintalabios.
Este índice se basa en la teoría del expresidente de la firma Estée Lauder, Leonard Lauder quien comprobó que tras el 11S se incrementaron las ventas de pintalabios de color rojo dentro de su compañía. El mismo episodio se repitió durante la Gran Depresión.
El "índice de Pintalabios" analiza las cifras de ventas de las barras de labios así como su color con el fin de determinar el grado de profundidad de la recesión.
Durante las crisis que azotaron al contienente durante los 80, 90 y 2000, las ventas en productos de maquillaje alcanzaron unas cifras del 100%.
4) Ventas de pañales.
Los economistas advierten que el gasto de pañales en la "cesta de la compra" es uno de los primeros en caer
en época de crisis. A finales de 2011, las ventas de este producto
cayeron hasta tres veces más de lo normal. Un hecho que favoreció, por
otra parte, el crecimiento de la venta de pomadas higiénicas para niños.
5) Ventas de corbata.
La venta de nichos y tumbas también se dispara cuando hay que rascarse el bolsillo. Según asegura la compañía 'Plot Brokers', cementerios y funerarias abren un mercado para muchas familias que agudizan el ingenio para disfrutar de sus panteones familiares en vida.
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